El estilo y la táctica forenses no se limitan tan solo a la manera de escribir o a la forma de presentar los alegatos y memoriales.
El plan estratégico de todo abogado hábil debe abarcar también el método de interrogar a las partes, a los testigos y a los peritos.
En lo que se refiere a los peritos, el gran procesalista norteamericano Martin W. Lttleron puntualiza que, por regla general, los abogados encaran la tarea de repreguntar los peritos de tres maneras:
1. No preparan las repreguntas. Las improvisan, tratando de ser más listos que el perito. Es una técnica suicida.
2. Estudian precipitadamente varios textos sobre el tema y con esos escasos conocimientos enfrentan al perito, olvidando que éste tiene cinco, diez, veinte o más años de experiencia en la materia; que está acostumbrado a ser repreguntado y que muchas veces ha rendido informes sobre el tema. La única razón para hacerlo está dada cuando el abogado conoce tanto o más que el perito la cuestión de que se trata.
3. Otros procesalistas, convencidos de que no pueden competir con los peritos, se equipan de nociones básicas sobre el objeto en discusión, para poder enfrentar las fases más elementales que ofrece el asunto. De este modo dirigen su ataque, no a las conclusiones u opiniones del perito, sino a las bases por medio de las cuales llega a aquéllas. El dictamen de un perito es simplemente la expresión de una opinión fundada sobre ciertas hipótesis. La hipótesis, por supuesto, debe basarse en hechos perfectamente establecidos por las pruebas aportadas. Representados así los hechos, en forma de problema hipotético, formula éste a continuación su opinión jurada.
O sea que la conclusión del perito puede ser inatacable como conclusión, pero las bases sobre las cuales la construye suele estar tan llenas de fallas, que no es difícil destruirlas, cayendo con ella la conclusión u opinión del perito.
Esto puede conseguirse sin meterse en el campo propio del perito; antes bien, dirigiendo el ataque hacia los puntos fundamentales en que basa su opinión, todos los cuales son comprensibles y discernibles para el lego y no requieren, por lo general, de parte del interesado un conocimiento notable y técnico.
Amado Adip, "Reglas de Estilo y Táctica Forenses", Ediciones Depalma Buenos Aires, 1981.
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